23 de febrero de 2014

Profesionales que no ofrecen todas las garantías

Un amigo de uno de mis amigos se dedica a dar servicios por horas, como clases particulares o reparaciones de ordenadores, lo que surja. He tenido, hace poco, la oportunidad de hablar con él sobre su situación personal y me ha dado a conocer una realidad que me ha sorprendido en gran medida. Como consecuencia de la crisis, los precios que los particulares están dispuestos a pagar han caído de forma extraordinaria llegando incluso a ser la mitad de lo que eran hace unos pocos años.

Sin embargo, aquellas personas que ofrecen servicios de esta forma se ven limitados por el presupuesto que los particulares quieran ofrecer. Si bien resulta alarmante que haya personas que busquen clases particulares por precios low cost esto no es más sorprendente que el hecho de que haya personas que terminan por aceptar dichos “trabajos”. Y es que, si no hay de donde sacar dinero, es mejor tener algo por poco que sea que no tener nada, ¿no?
Caída de la calidad del servicio

Es inevitable que la calidad de los servicios no sea la misma que antaño si se paga por ellos muchos menos dinero. Además, ante la creciente necesidad de trabajo surgen más personas dispuestas a “ofrecer sus servicios” aunque no sean profesionales. Esto puede dar si se trata de una clase de matemáticas para un adolescente de 4 de la ESO, pues tal clase puede ser impartida tanto por un docente como por un estudiante de universidad – o incluso de Bachillerato.

No es lo mismo en otros casos. Imaginemos que nos hace falta un monitor para ponernos en forma que nos instruya paso a paso en nuestro ejercicio. Recurriendo a la Internet podemos encontrar gran cantidad de ofertas y tal vez una de ellas nos parezca muy atractiva y, aunque el precio es significativamente menor que otras ofertas, hacemos caso omiso y confiamos en el profesional “low cost”.

Puede que tengamos suerte y todo salga bien, en cuyo caso conseguiremos satisfactoriamente nuestro objetivo y seremos más felices. O puede que no tengamos suerte y acabemos lesionándonos irreparablemente o perjudicando nuestra salud. En este caso, el susodicho profesional no se hará responsable porque tal vez ni sea un profesional como afirmaba ni tenga seguro para su actividad. Estos son los riesgos de confiar en los servicios de quien cobra menos como única regla para contratar a alguien.


Y esto puede ser muy peligroso, incluso para nuestra salud. O podemos acabar tirando el dinero al agua, algo que tampoco es buena idea, ¿verdad? Por lo tanto, más nos vale andar con ojo a la hora de confiar en los servicios de alguien y no dejarnos tentar – necesaria y ciegamente – por la oferta más barata. Ya dice un viejo refrán: lo barato sale caro.

César P.

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