4 de mayo de 2015

Perdidos con la burocracia


Hace relativamente poco que me he embarcado en la aventura de declarar para la Agencia Tributaria y he descubierto de primera mano por qué los autónomos sufren tanto. Por un lado, hay que pagar Seguridad Social, eso ya lo sabíamos. Así es como se mantiene el sistema sanitario que nos atiende a todos. Por otra parte, hay que pagar a cuenta el IRPF, a veces sale a devolver y a veces no. Bueno, eso también lo sabíamos. Finalmente, hay que pagar IVA y eso sí que no vuelve. Sumamos, echamos unas cuentas, ¿dónde quedan las ganancias?

La asoladora realidad es que si declaramos 1000 € de beneficios (igual a ingresos menos gastos), tenemos que pagar 20% de IRPF, la cuota de Seguridad Social aparte y, además, el IVA (cuyo valor puede ascender a 21% de los beneficios como máximo). O eso es lo que me explicó mi gestora el otro día. Los dos primeros pagos ya los conocía pero lo del IVA me tomó un poco desprevenido, ya que anteriormente un señor un poco distraído me explicó que mi actividad estaba exenta de impuestos. Menuda explicación me soltó aquel funcionario, con el tiempo he descubierto que la mitad de lo que me dijo era, cuanto menos, impreciso.

Bueno, poniéndome optimista, supongamos que pago todo lo mencionado correspondiente de mis mil eurillos de ejemplo. Me quedaría aproximadamente con la mitad de este importe. Si, posteriormente, Hacienda me devuelve lo correspondiente a IRPF, entonces mi beneficio volvería a ser entre el 70% y el 75%, es decir, se quedaría entre 700 € o 750€. ¿Aceptable? Bueno, pintaba mucho peor pero todavía depende de que Hacienda no decida meter machete en lo que pago de IRPF.

Miedo me da, pero supongo que no hay mejor forma de saber lo que me depara que declarar y asumir las consecuencias. Una buena noticia es que aún disfruto de las ventajas de la “oferta” de Seguridad Social para jóvenes autónomos que consiste en subvencionarme el pago mensual de forma progresiva de la siguiente forma: 6 meses al 25%, 6 meses al 50% y 6 meses al 75% del importe total de la cuota, si mal no recuerdo. Esto, sin duda, es una ayuda que mejora las condiciones de mi cálculo anterior durante los meses que dura la oferta.

Aunque después la situación se vuelve un poco más dura. Sin embargo, un año y medio proporciona margen suficiente como para conocer los entresijos de la actividad y ganar experiencia en todos los asuntos concernientes. Así, este asunto del beneficio real conlleva un cálculo nada trivial que merece la pena hacer para estudiar los márgenes realistas de ingresos netos.

César P.

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